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Relatos breves

"La nota". Escrito por Sabinia.

"La nota". Escrito por Sabinia. Se levantó con tranquilidad, tratando de calmar sus ansias. Estaba deseoso de empezar el camino; el camino que le alejaba de la triste y etílica vida de la que había gozado durante los últimos meses; el camino hacia la "Ciudad Santa".

Esa mañana, como tantas otras, dejó su casa en Brujas temprano; pero cuando en ese día le alcanzase la oscuridad no lo haría en su casa, sino en algún albergue Dios quisiera que lejano.

Durante semanas tuvo más tiempo del quiso para pasar sus horas a solas, pensando. Pensaba en la que había sido su mujer, a veces le parecía que todavía lo era; y en cómo le había dejado. Un día, de camino a casa, hurgando en la basura, encontró una nota que decía "..............". Nunca pudo olvidar aquellas palabras; las mismas que hicieron que aquella noche y todas las que le sucedieron temiese volver a casa, sabiendo que ella no estaría y que; mientras pedaleaba de forma tediosa y pendulante resonasen en su cabeza como enormes campanas.

Un mes y medio después del comienzo de su contemplativa odisea llegó a Porriño. Allí, en su peculiar ?Ciudad Santa?, él observaba empequeñecido las enormes naves, como quien admira la grandiosidad de una catedral. Era tal la satisfacción que le producía haber alcanzado su destino, que a cada bocanada de aire que tomaba todo su ser se llenaba y vaciaba por completo, una y otra vez; mientras la polución se convertía en sus pulmones, a la vez que en su mente, en el agradable aroma del incienso.

Intentó adentrarse en una nave industrial, con la esperanza de poder disfrutar del ritual de la misa, pero un guardia de seguridad de lo impidió. No entendía por qué no le dejaban entrar, después del largo camino que había recorrido para llegar hasta allí; pero la comunicación no era fácil: El guardia hablaba el gallego típico de Porriño, con el acento típico de las Gándaras; que no era fácil de comprender por el anciano, que hablaba flamenco con acento del norte. La situación se tornó un tanto violenta, por lo que el guardia, como precaución, decidió tomar sus datos; con un gesto amable le pidió su cartera y, de forma aún más amable, el belga se la cedió. Le alegraba enormemente comprobar que al menos iban a entregarle la Compostela que certificaba su camino.

Cuando se fue, el guardia se percató de que, accidentalmente, había cogido una nota de la cartera de aquel hombre. La miró y decidió tirarla. Cuando el anciano advirtió su ausencia volvió a buscarla y, al leerla de nuevo, se montó en su bicicleta más vital que nunca. Estaba deseando llegar a Brujas, donde su mujer lo estaba esperando.
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